Una ventana abierta (relato por entregas)
1. Como cualquier otra mañana, ocupé uno de los asientos de la última fila del autobús. Eché un vistazo rápido a mi alrededor –no faltaba ninguno de los viajeros habituales– y abrí por una página cualquiera el libro que estaba utilizando como tapadera aquellos días. De vez en cuando, con una frecuencia aprendida por la costumbre, pasaba una página y fingía deslizar mis ojos línea tras línea hasta llegar al final. Pero en realidad no leía ni una sola palabra, sólo me limitaba a mantener el libro abierto mientras observaba, en lo que consideraba un prodigio de discreción, a todos mis compañeros de autobús. Era algo en lo que había desarrollado una gran práctica, y difícilmente se me escapaba un detalle de los que consideraba importantes: dónde se apeaba cada uno de los viajeros, quién perdía el autobús tras haber corrido los cien metros libres y a pesar de suplicar la comprensión del conductor en el semáforo más cercano a través de los cristales de la puerta delantera, quién cumplía los preceptos de la buena educación cediendo su asiento a una embarazada o a un anciano madrugador... Y también otros aspectos menos objetivos, más dependientes de mi particular interpretación, como quién parecía haber pasado una mala noche o qué rostro denotaba un disgusto doméstico.
Ya perdonarán que todavía no me haya presentado, pero es algo que no acostumbro a hacer, pues nunca he tenido ocasión de conocer a demasiada gente. Aunque sería más exacto decir que nunca he permitido que se acerque a mí demasiada gente, tan solo individuos escogidos cuya presencia en mis cercanías no he podido evitar. Pero, por esta vez, debo hacer una excepción y permitir que sepan ustedes quién les está contando esta curiosa historia que puede ser cualquier cosa menos inventada, pues no cuento con la imaginación suficiente como para idear una ficción semejante. Es más, creo que si hay alguien a quien deben ustedes agradecer la posibilidad que se les brinda de conocer este curioso episodio de mi vida es a Rebeca, la mujer misteriosa a quien algún día quizás llegue a conocer y que, mediante la aplicación de un vigoroso tratamiento de choque, consiguió hacerme abandonar –siquiera temporalmente– mi extremada introversión y acceder a narrar lo que ahora se encuentra en sus manos.
Mi nombre es Alfonso Verona. Tengo treinta y seis años, aunque algunos dicen que puedo aparentar unos cuantos menos. Cabello muy fino de color castaño oscuro. Un metro setenta y cinco de altura y setenta y cuatro kilos de peso. Complexión normal. La frente más bien despejada y la nariz recta y de tamaño medio. Un tipo absolutamente vulgar. Mi único rasgo distintivo pueden ser las gafas oscuras que me acompañan a todas partes como un apéndice del apéndice nasal, ya esté el cielo azul o grisáceo, ya sea mediodía o la última hora de la tarde. En opinión de algunos que dicen conocerme –aunque dudo sinceramente que haya alguien que pueda presumir de conocerme– llevo esas gafas para ocultar tras los cristales unos ojos de ratón, pequeños y muy negros, indomables como un escalofrío, con una vida ajena a los dictados de mi cerebro... quizá sean los ojos lo más vivo de este cuerpo que en muy poco se diferencia de cualquier otro. Dicen que todo en mí es ocultación: las gafas oscuras que invalidan mi mirada, la recia barba que trata de esconder unos labios finos como papel de fumar, el libro abierto eclipsando parte de mi rostro...
En fin, creo que para un tipo de timidez superlativa como yo es suficiente con lo que he accedido a contarles acerca de mi físico. En cuanto a los otros aspectos menos evidentes de mi persona, supongo que los irán descubriendo a medida que avancen en la lectura de mi relato.
Otro día, más. Puedes leer el relato desde el principio en la categoría Una ventana abierta.



C.D.C. Para que los demás no pasen desapercibidos referenció
El amigo de Ana (Se presenta)
...cocteldecoktails/chamaruco1.jpg" width="300" height="225" class="imgizqda" />Ya perdonarán que todavía no me haya presentado, pero es algo que no acostumbro a hacer...
4 Enero 2006 | 02:29 PM