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El rincón del Somardón

Somardón: (Ar.) Persona que sin hablar u ocultando sus intenciones hace lo que le da la gana

23 Enero 2006

Una ventana abierta (relato por entregas)

27. En el frigorífico apenas había algo que comer y no tenía ninguna intención de salir a hacer la compra: prefería morir de hambre a enfrentarme a Rebeca. Además, pensé que siempre me quedaba la opción de utilizar el ordenador para adquirir nuevas provisiones, pero entonces recordé que también esa posibilidad había desaparecido como consecuencia de mi reciente ataque de furia. Ya sólo Pablo podía acudir en mi ayuda... eso, en el supuesto de que lograra hablar con él.

Volví a llamarle, cuatro o cinco veces a lo largo de la tarde, otras tantas por la noche, pero en ningún momento contestó a mis súplicas. Pasé horas deambulando por toda la casa sin saber qué hacer, no había comido y tampoco cené, tomé mi habitual ducha nocturna a la una de la madrugada y fue de agua fría a pesar de estar en noviembre. Me acosté desnudo por no molestarme en sacar el pijama del cajón de la cómoda, y me quedé dormido tiritando de frío bajo el pesado edredón, acurrucado como un perro en un lado de la cama y evitando en todo momento dar la espalda a la puerta del dormitorio, como si no quisiera perderme el momento en que Rebeca entrase en la habitación dispuesta a rematar la faena.

Pasé toda la noche despertando sobresaltado cada pocos minutos, y eran las siete de la mañana cuando conseguí enlazar varias horas seguidas de sueño. Tanto que cuando desperté había pasado nuevamente la hora a la que solía comer. Todavía somnoliento, preparé una cafetera y tomé un par de tazas que acompañé con una magdalena reseca que encontré sobre el frigorífico. Me tumbé en el sofá, encendí el televisor y volví a quedarme dormido mientras daban el resumen de las noticias más destacadas de la jornada.

Una hora más tarde, una voz estridente me sacó de mis sueños. Sin embargo, lo que oí me hizo dudar acerca de si seguía dormido y estaba sufriendo una absurda pesadilla o si Rebeca había logrado encontrar un nuevo resquicio por el que destrozar todas las defensas de mi castillo. En la pantalla, un presentador, que parecía desquiciado a juzgar por el tono excesivamente alto y cantarín con que se expresaba, daba paso a un desconocido y desocupado espectador.

–Muy buenas tardes, queridísima audiencia. Estamos en riguroso directo, son las cuatro y media de la tarde y, un día más, comienza una nueva edición de su programa de contactos favorito: “¿Calabazas? No, gracias”. Y lo hacemos con la petición, yo diría más bien con el ruego, de una anónima seguidora de nuestra emisión, a la que tenemos al otro lado de la línea telefónica. Buenas tardes, Rebeca.

Otro día, más. Puedes leer el relato desde el principio en la categoría Una ventana abierta.

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Ricardo Bosque, Denominación de Origen Zaragoza Cosecha 1964, aficionado al género negro, a la publicidad, a la música y a muchas cosas más como se puede deducir de la lectura de este blog. Editor de La Balacera y amago de escritor.

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