Una ventana abierta (relato por entregas)
28. –Buenas tardes –contestó la voz que reconocí al instante como la de mi acosadora.
–Creo que no quiere usted facilitar sus apellidos, ¿no es cierto?
–No, no, preferiría mantener el anonimato, si es posible…
–Por supuesto que es posible, todo es posible en nuestro programa; es más, comprendemos perfectamente su deseo. Porque tengo entendido que está atravesando un mal momento por una cuestión amorosa, ¿es así?
–Exacto, exacto. Por eso he querido recurrir a su programa, porque estoy desesperada: llevo días, creo que son ya semanas, intentando acercarme a la persona a la que amo, y él no quiere ni mirarme… me ignora como si yo no existiera.
–Es muy duro sentir el rechazo de un ser querido, ¿verdad? Pero para eso está nuestro programa, su programa: para intentar unir a personas que se aman aunque a veces ni ellas mismas lo sepan. Así que, si lo desea, puede facilitar los datos de su anhelada pareja al compañero de la centralita –fue un detalle que el presentador también pensara en mi propia intimidad y no sólo en la de Rebeca– y, de inmediato, un equipo de “¿Calabazas? No, gracias” se desplazará hasta su domicilio para trasladarle su apasionado mensaje. Y, quién sabe, tal vez esta misma tarde sepamos cómo termina esta historia de amor que todavía no ha comenzado. Muchas gracias, Rebeca. Y damos paso ya a la siguiente llamada, que nos llega desde…
Otro día, más. Puedes leer el relato desde el principio en la categoría Una ventana abierta.


